¡Triunfamos, triunfamos! (carta a la redacción)

Edición #88

Carta a la redacción de Arturo Villarreal Echeona a propósito del artículo publicado por Marcelo Torres Benavides en La Bagatela en el 28 aniversario del fallecimiento de Francisco Mosquera Sánchez, fundador del PTC.

Por Arturo Villarreal Echeona

Escritor, publicista, cronista

Estimados compañeros de la Redacción de La Bagatela:

Excelente síntesis, que tiene ya en el camino andado el carácter de historia patria. Reivindica en este escrito Marcelo Torres, por un lado el aporte teórico a la revolución social universal hecho por Francisco Mosquera, quien fuera el fundador del Partido del Trabajo de Colombia (PTC), y la validez de sus tesis, comprobadas en el campo concreto de la práctica social en Colombia, y de manera brillante e incontestable con el triunfo de Gustavo Petro.

Herramienta crucial de ese legado de Mosquera, fue la aplicación de una táctica correcta, expresada en la consigna de una gran coalición democrática. Es un hecho hoy irrebatible que la derrota del uribismo y el éxito de la candidatura única del movimiento alternativo estribó en esa gran alianza multipartidista de fuerzas pertenecientes al campo democrático. Alianza en la cual después de intensos debates, se posibilitó la entrada de sectores de la derecha civilista. El Pacto Histórico y la línea del Acuerdo Nacional constituyen, tal como lo explica Marcelo con clarividente pedagogía, el novedoso aporte de Petro a la cultura política nacional, decantado de las enseñanzas de Mosquera. Tanto el Pacto como el Acuerdo brindan la retícula que sustenta las alianzas de todas las clases interesadas en el cambio y la revolución democrática de Colombia.

Por otro lado se insinúa, aunque queda todavía sin desarrollar, como rescoldo entre las brasas, el papel desempeñado en ese proceso por el pequeño pero brillante y esforzado contingente de luchadores formado por Mosquera en el PTC y aglutinado con renovado ímpetu con nuevos liderazgos en las tres últimas décadas.  Ese destacamento de obreros avanzados e intelectuales patrióticos, puso a prueba sus conceptos teóricos y los enriqueció en el largo trajinar de las alianzas que se forjaron dentro de la izquierda a partir de mediados de los años 70 y en las cuales tempranamente alcanzaron a participar algunos representantes de los sectores democráticos de la burguesía nacional.

Fueron 45 años de fatiga por la unidad del pueblo colombiano, reflejadas en los distintos experimentos como el de la Unión Nacional de Oposición y el Frente por la Unidad del Pueblo, entre otros. Fatiga que nunca tuvo ambición distinta que la libertad, el progreso y el bienestar de nuestro pueblo.

Esos experimentos permitieron ir capitalizando las lecciones más valiosas que serían un tesoro inapreciable aplicado con gran paciencia y creatividad en las jornadas recientes de este siglo. Lecciones atinentes en primer lugar a la imperiosa necesidad de la unidad a través de un Frente que representara a las inmensas mayorías nacionales. Pero también lecciones relativas a las reglas democráticas de funcionamiento de dicho frente y así mismo a la táctica más idónea para identificar a los amigos y enemigos de la causa en el curso de la lucha, ya fuera en el campo sindical, en las batallas populares o en las coyunturas electorales. Y lecciones referentes también a la identificación de la estrategia programática que permitiera realizar la unidad sin perder el hilo conductor. Una buena parte de esas vivencias y ese cuerpo conceptual fueron recogidos por Francisco Mosquera en esa excelente memoria titulada "Unidad y Combate".

Fue una experiencia que nutrió y apertrechó no solo a los militantes de la izquierda sino a los líderes populares y se transfirió a segmentos considerables de la población, que en las grandes jornadas nacionales de protesta y resistencia contra el régimen neoliberal, asimilaba esas lecciones gracias a la pedagogía incansable de los fogoneros de la revolución.

Fue pues una capacitación intensa y prolongada de medio siglo; un aprendizaje que costó sudor, incluso vidas. Se ha avanzado con botas de siete leguas en estas jornadas, pero tal vez la parte más difícil de la aventura apenas comienza. Por todos esos compañeros y compañeras, los que ya no están y los que todavía se encuentran pisando la tierra con nosotros, níveas ya las sienes por las canas, pero lúcida la frente y vibrantes las venas, yo pediría no un minuto de silencio sino una diana y un cielo de vítores y aplausos.

¡Triunfamos, triunfamos! ¡Vivan todos, y que el primero que viva, merecidamente sea el compañero Marcelo!

Puerto Colombia, 3 de agosto de 2022

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