8 de marzo: los retos del movimiento de mujeres en Colombia

Retos del movimiento de mujeres en Colombia
Edición #75
9 de marzo, 2021
Con motivo de una nueva conmemoración del día de la mujer trabajadora, el Colectivo de mujeres MALÚ reitera su compromiso a fondo con esta lucha. Junto con muchas otras organizaciones en todo el país, seguiremos asumiendo los retos planteados. La toma de conciencia y lucha por los derechos específicos de la mujer y por la igualdad deben darse en el contexto de la defensa de la democracia, la paz y los derechos de los trabajadores/as.

Por Consuelo Ahumada
Profesora Universidad Externado de Colombia. Miembro de número de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas, ACCE, e integrante de la Asociación Colombiana de Economía Crítica, ACECRI. Miembro fundador del Colectivo de mujeres MALÚ.

Consuelo Ahumada

El 8 de marzo conmemoramos una fecha de lucha. En 1908, en ese día, 147 obreras de la fábrica Cotton de Nueva York emprendieron una huelga por sus derechos laborales y murieron incineradas por decisión del dueño.

Un rasgo destacado de la efervescencia social de las dos últimas décadas en América Latina ha sido el protagonismo creciente de las organizaciones de mujeres y la defensa de sus reivindicaciones. “La marea verde” de Argentina es una de las más fuertes y de mayor impacto reciente. Pero hay movimientos similares en muchas partes.

Colombia no es la excepción. En la lucha por transformaciones sociales de fondo y por afianzar una paz cada vez más esquiva, cuyo punto más alto en décadas fue el 21N de 2019, los movimientos feministas han sido protagónicos, al lado de toda una diversidad de liderazgos sociales, sindicales, políticos, juveniles, culturales y artísticos.

Cada vez es más claro que el camino hacia una sociedad más justa e igualitaria tiene que pasar por la lucha de mujeres y hombres contra el patriarcado y el machismo en todas sus expresiones. Ahí está el origen de la concepción dominante sobre el papel subordinado de la mujer en la sociedad y en la familia y sobre la legitimación de los supuestos roles de género.

Es una concepción de corte feudal, con profundo arraigo histórico, cultural y religioso, inmerso en la esencia misma del capitalismo. Sin duda, se trata de una contienda muy difícil de librar, porque sus manifestaciones permean todas las esferas de la sociedad. La agenda conservadora cercana al fascismo reivindica a fondo esta visión, al igual que lo hace con el racismo, la xenofobia, la homofobia y la exclusión económica y social.

Por ello, los avances en este campo se convierten en trincheras, en logros muy importantes, aunque no suficientes. Es una lucha que concierne a todos los ámbitos de la sociedad, las instituciones, las organizaciones políticas, sindicales y sociales, la academia, la escuela, el hogar, las familias. Debe hacerse consciente en el discurso y en la práctica, romperse con los estereotipos y denunciar la publicidad degradante. Los mensajes simbólicos incluyentes adquieren un gran valor.

Es la lucha por romper con la enorme brecha de la desigualdad de género, por el derecho a una vida sin violencia de ningún tipo, por erradicar el feminicidio, por decidir sobre el cuerpo propio, incluida la legalización del aborto, por cuestionar y transformar esquemas de conducta y relaciones de poder, concebidos, impuestos y transmitidos como naturales y lógicos, resultantes del orden dominante.

El peso de este fardo retardatario en la sociedad no puede desconocerse ni minimizarse. Por el contrario, debe insistirse día tras día en su naturaleza y efectos, en su incidencia nefasta en las condiciones y perspectivas de vida, en el acceso a la educación y el trabajo y en la realización de las mujeres como seres humanos. En su papel en la reproducción de las condiciones de desigualdad.

En América Latina, como en otras latitudes, la irrupción de la movilización femenina ha trascendido la defensa de los derechos económicos y sociales y ha puesto de presente la existencia de consecuencias todavía más trágicas. El reconocimiento y la denuncia permanente del feminicidio y de toda forma de violencia contra la mujer, en el hogar y en la calle ha adquirido mucha relevancia. La CEPAL señala que es la segunda región del mundo con mayor número de feminicidios, después de África[1].

Sin duda, el deterioro de las condiciones económicas y sociales ha empeorado la situación de las mujeres. El afianzamiento de las políticas neoliberales, que favorecen al sector privado y minimizan la inversión pública y social, ha incrementado la brecha entre ricos y pobres y entre géneros. “La pobreza tiene rostro de mujer” y el 70% de las personas que viven en pobreza extrema son mujeres, señaló la ONU hace unos años.

De acuerdo con el informe El virus de la desigualdad, publicado por Oxfam a comienzos de año, la pandemia puso en evidencia y exacerbó las desigualdades económicas, de género y raciales.

Señala que los mil principales multimillonarios del mundo recuperaron en nueve meses sus pérdidas ocasionadas por la pandemia y multiplicaron sus fortunas. Al mismo tiempo, cientos de millones de pobres, en especial mujeres, personas racializadas, negras e indígenas, muchas de ellas migrantes, se hundieron en la miseria, el hambre y la desesperación. Esto es una expresión clara del efecto de la interseccionalidad o confluencia de múltiples desigualdades y discriminaciones históricas.

Indica el informe que la pandemia golpeó el trabajo en sectores esenciales como la salud, el cuidado, las ventas informales y la docencia, en los cuales las mujeres son mayoría. En ellos hay sobrecarga de trabajo, pésima remuneración y carencia de protección social. Pero además en buena parte de los negocios cerrados predomina el trabajo femenino: peluquerías, restaurantes, pequeños comercios, seguridad, aseo, servicio doméstico[2].

Recordemos también que el confinamiento y hacinamiento en el que viven millones de personas en el mundo ha traído en todos lados un incremento notorio en la violencia intrafamiliar y sexual y en el número y magnitud de los atropellos contra las mujeres.

En los inicios del 2021, la situación social en Colombia es crítica. Al impacto de la pandemia, la negligencia en la atención de salud, en manos de las EPS y la carencia de vacunas se suman el descalabro económico y el recrudecimiento del conflicto armado. Este se ha ensañado con los sectores más desfavorecidos: campesinos, indígenas y afros. Mujeres y jóvenes. Son las víctimas de masacres, asesinatos, desplazamientos.

Pero además el encierro y la pérdida de empleo han aumentado el trabajo del cuidado no remunerado para las mujeres. Datos oficiales del DANE anteriores a la pandemia mostraban que 7,1 millones de mujeres realizan labores del hogar frente a menos de 1 millón de hombres y que las mujeres invierten hasta 7 horas y 14 minutos cada día en estos trabajos, frente a 3 horas, 25 minutos de los hombres.

En junio 2020 hubo un aumento de 1,6 millones de mujeres dedicadas a estos oficios. "El mercado laboral está generando un sesgo muy importante en contra de las mujeres pues son ellas las que están asumiendo más horas de trabajo en oficios del hogar o han entrado a la inactividad y se han dedicado a ese trabajo no remunerado”, señaló el director del DANE[3].

Según la misma fuente, en junio del 2020 se registró la brecha más alta de los últimos nueve años entre hombres y mujeres, frente al desempleo. El masculino fue del 16,2%, mientras que el femenino llegó al 24,9%. En el trimestre septiembre-noviembre, su tasa para las mujeres fue de 19.6%, frente al 10.9% para los hombres. Las mujeres jóvenes de 14 a 28 años corresponden al 46.4% de las desocupadas

Con motivo de una nueva conmemoración del día de la mujer trabajadora, el Colectivo de mujeres MALÚ reitera su compromiso a fondo con esta lucha. Junto con muchas otras organizaciones en todo el país, seguiremos asumiendo los retos planteados. La toma de conciencia y lucha por los derechos específicos de la mujer y por la igualdad deben darse en el contexto de la defensa de la democracia, la paz y los derechos de los trabajadores/as.

 

Notas

[1] Informe presentado por Alicia Bárcenas, directora de la CEPAL, Alicia Bárcena,  noviembre 25 de 2019 https://www.cepal.org/es/videos/mensaje-alicia-barcena-dia-la-eliminaci….

[2] https://www.oxfam.org/es/informes/el-virus-de-la-desigualdad, enero 25, 2021.

[3] “Las mujeres son las más afectadas por el desempleo en la pandemia, según el DANE”, La República, lunes 13 de julio, 2020. https://www.larepublica.co/economia/las-mujeres-son-las-mas-afectadas-p…-

Colabora con La Bagatela
Comparte en tus redes sociales