Silenciados los cañones, truena ahora la demagogia imperialista fuera de Afganistán

Edición #79

Por Arturo Villarreal E.

Escritor, publicista, cronista.

La fotografía del avión norteamericano repleto de afganos huyendo de la furia talibán en el aeropuerto de Kabul, le ha dado la vuelta al mundo y desatado una tormenta de opiniones sobre este hecho, sin duda el más impactante del escenario internacional en dos años de pandemia.

Después de leer los reportes de periodistas de talante independiente sobre la situación en Afganistán y sobre el talibán, concluyo que, pese a tratarse de un movimiento radical que ha venido usando el terror como estrategia calculada en su lucha, su justa causa metaforiza la proverbial batalla bíblica de David contra Goliat. Pero Occidente, y especialmente EU, utilizan los medios masivos para mostrar el movimiento independentista afgano como el súmmum de la brutalidad irracional. Con esa ofensiva mediática los Estados Unidos pretenden convertir su fiasco en una brillante carambola en aquellos países donde EU conserva su dominio político, levantando la pancarta humanitaria de los desplazados y los derechos de la mujer.

Mientras se retira con el rabo entre las piernas de un territorio donde todos los imperios se han ido de jeta a lo largo de la historia desde los tiempos de Alejandro Magno, el imperialismo norteamericano persigue a través de la propaganda dos objetivos de su mayor interés:

El primero, apunta a mantener la ofensiva ideológica contra los pueblos que pugnan por zafarse de la esclavitud colonial y que levantan la justa bandera de la no intervención de las potencias en el Tercer Mundo. La intervención imperialista, siempre ha tenido el móvil mezquino de la rapiña y ha plagado de miseria y muerte el planeta desde los tiempos más pretéritos. Ver las cosas desde esa óptica, es el hilo conductor que nos permite tener el enfoque correcto en torno a esta situación en medio de la maraña de confusiones que los medios atizan con calculado interés.

El segundo objetivo de la marabunta mediática consiste en estigmatizar a los combatientes afganos para desviar la atención de la comunidad internacional que contempla la retirada del ejército imperial con satisfacción y acusa al gobierno norteamericano por 20 años de desafueros y desastres en la región.

Se precisa un tamiz muy fino para hacer una lectura más aproximada de la realidad en un país tan complejo y en la natural situación de caos que siempre se vive en el preámbulo de la victoria al final de una guerra. Situación en la cual los afganos se encuentran en ostensible desventaja, prácticamente enfrentados a medio mundo, lo cual no les deja opción distinta a defender fieramente lo propio.

Ciertamente es lamentable que los seres humanos sigan forjando la historia a sangre y fuego, con los desmanes y los sufrimientos que eso conlleva. Pero siempre habrá que celebrar que un pueblo pueda por fin librarse del yugo extranjero y recuperar el dominio sobre su tierra y su destino.

Ojalá en su condición de país independiente se abra ahora la perspectiva de la democracia y la modernidad para una nación tan rica y diversa, que sufre siglos de dominación y que no ha encontrado las condiciones para liberarse también de atavismos culturales que en verdad significan un pesado fardo para el progreso en las sociedades masivas y tecnológicas de nuestro tiempo. Digamos que esa es la paja en el ojo ajeno; pero ayudemos ahora a sacar la viga en el ojo del cíclope occidental. En la hora final se habla mucho de la desgracia de los vencidos, pero se calla el calvario y la aflicción de los más débiles a lo largo del conflicto. La cifra de los muertos puede ilustrar las cuotas del sacrificio de cada una de las partes: Estados Unidos 2.500 militares abatidos; Afganistán cerca de 70 mil soldados y 47 mil civiles muertos en 20 años de guerra.

Haciendo un balance de los puntos a favor y en contra de los ideales humanistas de carácter ético, podemos afirmar sin ninguna duda que la victoria talibán es un buen suceso para el mundo y en particular para los pueblos que aspiran a un futuro con soberanía nacional y afirmación de su propia identidad.

En síntesis, para el conjunto del movimiento global por la democracia y la independencia, el triunfo talibán es importante, independientemente de las asperezas y vicisitudes que implica. Es un golpe al intervencionismo imperialista. Las personas con sentimientos democráticos no deberían dejarse engatusar por la campaña mediática de EU, que astutamente levanta las pancartas de los desplazados y los derechos de la mujer. Deberíamos oponernos resueltamente a que sigan manipulando a la opinión con el terror talibán, en la misma forma como lo han venido haciendo con el castrochavismo en Colombia. Derrotemos ese ardid imperialista, que le ha caído tan en gracia al fascismo uribista, tan afecto a los fantasmas y vampiros.

Examinemos en el siguiente enlace un buen ejemplo de la hipocresía de EU en la supuesta defensa de esos derechos:

https://www.revistavanityfair.es/cultura/articulos/alice-guy-cine-ficci…

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