Movilización social en Colombia. ‘¡Se cansó Buenaventura Se cansó!’

Jairo Gálvez

Dirigente del PTC del Valle del Cauca, Cali, 24 de mayo de 2017

La crisis social que vive Buenaventura es histórica. La diferencia de ahora con el pasado es que se ha profundizado. En los años 70, en desarrollo de la política de “pies descalzos” del PTC me radiqué en el puerto “donde cumplí los 21 años de mayoría de edad y de donde es mi cédula” con el propósito de afianzar la política del partido. Entonces existían Puertos de Colombia, la Flota Mercante Grancolombiana y los Ferrocarriles Nacionales como las empresas estatales más pujantes que constituían pilares fundamentales en las actividades económicas no solo de Buenaventura sino de toda la costa pacífica colombiana. Sumadas al resto de empresas del Estado como Telecom, Inderena, Incora, Caja Agraria y otras de capital privado nacional como navieras y pesqueras, además de prestar necesarios servicios, generaban empleo e ingresos que hoy ya no tiene esta ciudad y que hacían más llevadera la vida, aunque las necesidades básicas insatisfechas no se hubieran superado.

Producto de la apertura económica, la privatización y la ola neoliberal, se liquidaron todas las empresas que sostenían la economía del puerto y de las cuales se beneficiaba el conjunto de sus habitantes. Ahora, todo el lucro solo va a parar a las pocas manos de los empresarios que los medios han denunciado como los “dueños de la actividad portuaria” y grandes negociantes internacionales que con el beneplácito de los gobernantes de turno, a todo nivel, y a cambio de esquilmar el erario público y apropiarse de los recursos, solo permiten el desarrollo que le sirva a sus negocios, descartando todo interés por la inversión social.

La Sociedad Portuaria, desde su creación, ha pretendido ser un enclave, e incluso cambiar de ubicación geográfica hacia bahía Málaga, protegido de la “contaminación” de pobres y negros a quienes han condenado a sufrir miseria, hambre, discriminación y muerte.

A pesar de los cuantiosos recursos que se han anunciado para la implementación de planes y programas de desarrollo, jamás se han cumplido, aunque la plata sí ha desaparecido.

La inserción de la economía en el mercado mundial a través de la cuenca del Pacífico, solo cuenta para los grandes inversionistas y las transnacionales, pero no para la gente que sigue padeciendo de la falta de servicios públicos, agua, hospitales, infraestructura deportiva y, sobre todo, empleo, inversión social y reconocimiento.

Las razones para el paro cívico abundan y todas sus peticiones son justas. Se adelanta desde el 16 de mayo y ha contado con el respaldo decisivo y contundente de toda la ciudadanía y sus organizaciones representativas, incluyendo a la Iglesia, los comerciantes, transportadores terrestres y marítimos, empresarios locales, sindicatos, mujeres, jóvenes, pensionados, juntas comunales, maestros, estudiantes, que han hecho sonar su estribillo de lucha: se cansó, Buenaventura se cansó, por toda la nación y hasta en el extranjero.

La movilización, que ha sido multitudinaria y alegre, se suma también a la protesta cívica del departamento del Chocó con idénticos objetivos y al paro nacional del magisterio y trabajadores estatales. Protestas y paros buscan obligar al gobierno a atender con prontitud y eficacia los problemas acuciantes que se les han planteado y decretar, de ser necesario, la emergencia económica e iniciar el camino para resolver la deuda social histórica contraída con el pueblo de la costa pacífica colombiana.

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