En memoria del camarada Zhou En-lai

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El artículo conmemora los cincuenta años de la muerte de Zhou En-lai (1898–1976), destacado dirigente comunista chino, colaborador cercano de Mao Zedong y figura clave en la construcción del socialismo en la República Popular China. Se subraya su papel como Primer Ministro y canciller, su dedicación al principio de servir al pueblo y su legado duradero en la política interna y exterior del país, especialmente en la defensa de la unidad nacional, la modernización socialista y la lucha contra el imperialismo. Zhou Enlai es un dirigente marxista sobrio, disciplinado y profundamente comprometido con la construcción del socialismo, cuyo legado político y moral continúa siendo referente para las luchas presentes y futuras.

Por Pascual Amézquita

PhD. en Economía, profesor universitario
Pascual

Han transcurrido cincuenta años desde la desaparición física del camarada Zhou En-lai (1898-1976), exaltado colaborador íntimo del presidente Mao y pilar fundamental de la construcción del socialismo en China. Su legado perdura en los cimientos del Partido, en la arquitectura diplomática de la República Popular y en el principio de servir al pueblo con absoluta dedicación. Como Primer Ministro, su trabajo infatigable por mantener la dirección marxista con la Revolución Cultural, la modernización del país, su defensa de la unidad nacional y su genio en la escena internacional, forjando la política de coexistencia pacífica, permanecen como guía y ejemplo para las generaciones presentes y futuras en la continuada lucha por la derrota del imperialismo y la construcción de un mundo socialista. ¡Gloria eterna al camarada Zhou!

Zhou fue uno de los líderes de la revolución China desde los años 1920 y una de las figuras políticas más influyentes de la República Popular China luego de su proclamación en la famosa frase de Mao Tse-tung, “China se ha puesto de pie” en octubre de 1949. Intelectual marxista, políglota, diplomático y estadista, desempeñó un papel central en la consolidación del Estado de Nueva Democracia y en la proyección internacional de China durante el siglo XX.

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China semifeudal y neocolonial

Nació el 5 de marzo de 1898 en Huainan, provincia de Jiangsu, en una familia de funcionarios venida a menos. Huérfano a temprana edad, fue criado por parientes y recibió la educación clásica china combinada con estudios modernos. En 1917 se trasladó a Japón para continuar su formación, donde entró en contacto con ideas nacionalistas y socialistas que estaban abriéndose paso en China bajo el gobierno del presidente Sun Yat-sen. Posteriormente en Francia se unió al movimiento de estudiantes chinos, experiencia decisiva para su formación política. Allí conoció el marxismo y participó en círculos revolucionarios, afiliándose al Partido Comunista Chino (PCCh) en 1921.

De regreso a China, Zhou se convirtió en un organizador clave del partido y en un estrecho colaborador de Sun Yat-sen durante la primera alianza entre el PCCh y el Kuomintang (Partido Nacionalista Chino). Chiang Kai-shek, tras la muerte de Sun, se convirtió en máximo dirigente del Kuomintang. En 1927 ordenó la ruptura de la alianza y desató una feroz matanza contra los comunistas.

Zhou sobrevivió a la represión anticomunista y asumió responsabilidades militares y políticas dentro del PCCh, siendo una de sus actividades la constitución de un sofisticado grupo de espionaje para vigilar las actividades del Kuomintang, a los colaboracionistas y demás fuerzas opuestas al PCCh. Participó en la organización del Ejército Rojo y fue una figura militar y política relevante durante la Larga Marcha (1934–1935), epopeya en la cual se consolidó el liderazgo de Mao Zedong.

Durante la guerra sino-japonesa (1937–1945), Zhou actuó como principal enlace del Partido Comunista con el gobierno nacionalista de Chiang Kai-shek y con potencias extranjeras, en particular en la filigrana táctica tejida por Mao para derrotar al Japón. Su habilidad negociadora contribuyó a preservar la frágil alianza contra Japón y a mejorar la imagen internacional de los comunistas chinos. Terminada la Segunda Guerra Mundial, volvió a destacarse en la lucha contra Estados Unidos y las demás potencias ocupacionistas hasta el triunfo final.

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Dirección de la política exterior de la nueva república

Tras la victoria de la revolución dirigida por Mao en 1949, Zhou Enlai fue designado primer ministro de la recién proclamada República Popular China, cargo que ocupó hasta su muerte. También fue ministro de Relaciones Exteriores entre 1949 y 1958. En estas funciones se convirtió en el principal arquitecto de la política exterior china, que se tradujo en el apoyo a la República Popular de Corea durante la Guerra de Corea (1950-53). Desempeñó un papel destacado en la Conferencia de Bandung (1955), donde promovió la coexistencia pacífica y el liderazgo chino del Tercer Mundo, y fue clave en el acercamiento diplomático entre China y Estados Unidos, culminado en la visita de Richard Nixon a Pekín en 1972 sin dejar de apoyar irrestrictamente al pueblo vietnamita en su guerra de liberación contra Estados Unidos.

Al conocerse en China la propuesta del presidente Nixon de tener una reunión personal con Mao, Zhou resumió ocho "principios básicos" que se expondrían durante las visitas de Kissinger y Nixon:

“Todas las fuerzas armadas e instalaciones militares estadounidenses deben retirarse de Taiwán y del estrecho de Taiwán; Taiwán es territorio chino, y su liberación es competencia de sus asuntos internos; China se esforzará por liberar a Taiwán en paz; se debe oponer firmemente cualquier actividad que promueva "dos Chinas" o "una China y un Taiwán"; China y Estados Unidos no pueden establecer relaciones aisladas si no se cumplen plenamente las tres condiciones anteriores, y en su lugar podrían establecer una oficina de enlace en la capital de cada uno; China no mencionará la capital de su sede en la ONU; China no tomará la iniciativa de plantear la cuestión del comercio chino-estadounidense; todas las fuerzas armadas estadounidenses deben retirarse de Indochina, Corea, Japón y el Sudeste Asiático”.

El manejo del acercamiento con Estados Unidos estaba enmarcado en la creciente amenaza mundial del social-imperialismo soviético que implicó para China no solo una lucha ideológica contra el revisionismo desde principios de la década de 1960 sino contra posibles ataques atómicos. Por su parte Washington necesitaba aislar a la Unión Soviética, su mayor enemigo durante esos años. Así se llegó a la visita de Nixon, precedida por una secreta de Kissinger a China para establecer los puntos a tratar entre los dos presidentes. Finalmente en febrero de 1972 como fruto del histórico encuentro de los dos presidentes se dio a conocer un texto que se conoce como la Declaración de Shanghái, de la mayor importancia en la actualidad por la disputa de Trump contra la patria de Mao. En uno de sus puntos se lee:

“La parte estadounidense declaró que reconoce que todos los chinos de ambos lados del Estrecho de Taiwán sostienen que solo hay una China y que Taiwán forma parte de China. El Gobierno de los Estados Unidos no impugna esa posición. Reafirma su interés en una solución pacífica de la cuestión de Taiwán por parte de los propios chinos”.

La reunión de los dos presidentes marcó un giro histórico en la lucha contra el revisionismo y el social-imperialismo y contuvo la improbable posibilidad de que la Unión Soviética desatara una conflagración mundial y acentuó las corrientes ideológicas internas y externas que llevaron al derrumbe y disolución del renaciente imperio.

Kissinger comentaría en varias ocasiones que Zhou En-lai fue uno de los líderes más inteligentes que había conocido en su larga experiencia mundial. Luego de la visita de Nixon el grueso de países desarrollados empezó a buscar reestablecer las relaciones con China (salvo Francia, que las había iniciado mucho antes, bajo el gobierno De Gaulle). Y el mayor triunfo diplomático fue haber obtenido el asiento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas desplazando a Taiwán. Al primer discurso ante la ONU el vocero obvio debía ser Zhou, pero por la gravedad del cáncer que padeció en los últimos años de su vida el enviado (abril de 1974) fue el recién rehabilitado Teng Siao-ping, ocasión en la cual se dio a conocer la teoría maoísta de los Tres mundos, que se venía elaborando desde los años 1950 como herramienta interpretativa de las tensiones geopolíticas.

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Las luchas para construir el socialismo en China

En el plano interno, Zhou fue reconocido por su pragmatismo y su capacidad administrativa, basado en un profundo conocimiento de la economía política marxista como lo muestran sus escritos recogidos en las Obras Escogidas en dos volúmenes publicadas en 1981.

Aunque leal al pensamiento de Mao, tuvo reparos frente a las políticas del Salto Adelante (1959-61) por considerar que tenían mucho voluntarismo por encima de las reales capacidades del país para una rápida industrialización en su camino hacia el socialismo. Igualmente, cuestionó el exceso de cuotas de cereales a los campesinos lo cual, sumado a problemas climáticos y medidas extremo-izquierdistas de los mandos locales, ocasionó una de las peores hambrunas en China.

Las reservas de Zhou no fueron ampliamente publicitadas pero varios de sus críticas fueron tenidas en cuenta en los años siguientes al reducirse las metas para la industria y las comunas populares en el campo. No obstante, en algunos momentos sus puntos de vista fueron catalogados de derechistas y tuvo que enfrentar fuertes críticas durante la Revolución Cultural y luego en los dos últimos años de vida.

Debe subrayarse que sus reparos no eran dirigidos contra la necesidad del socialismo ni sobre el papel de una sólida base económica para alcanzarlo sino sobre el ritmo y el costo para lograrlo. Fue una mirada crítica sobre un proceso del cual no había antecedentes en la historia de la humanidad y que en la búsqueda del camino correcto tenía que pagar el costo del aprendizaje.

Durante la Revolución Cultural lanzada por Mao en mayo de 1966 para enfrentar los peligros del revisionismo en China −en el marco de la lucha contra el revisionismo soviético−, Zhou se sumó a la campaña pero protegió a numerosos cuadros, intelectuales y técnicos perseguidos, y veló porque la economía del país se mantuviera a flote en medio de la brava discusión ideológica desatada durante esos años, la que llegó a niveles feroces bajo los sectores extremo-izquierdistas, etiquetados por Mao como la Banda de los Cuatro.

Zhou Enlai murió el 8 de enero de 1976 luego de tres años de lucha contra el cáncer que debilitó notoriamente su capacidad de trabajo. Su funeral trajo manifestaciones masivas de duelo popular, reflejo del respeto que había ganado como líder marxista sobrio, trabajador y dedicado al servicio del pueblo. Su viuda, con quien no tuvo hijos, le sobrevivió quince años. Su legado perdura como símbolo de fraternidad marxista con Mao y de diplomacia, moderación y compromiso con la construcción de la República Popular China en camino hacia el socialismo.

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