Temblores en el mundo y el FMI al rescate

Por Pascual Amézquita

PhD en economía

El levantamiento popular en Francia condensa los problemas creados por el neoliberalismo: intentando contener la caída en la tasa de ganancia, el Estado apalancó la economía a punta de endeudamiento, para deleite del sector financiero que gana a borbotones con los altísimos intereses que está cobrando a acreedores públicos y privados. Igualmente redujo los impuestos a los oligarcas. Pero para pagar la creciente y abultada deuda redujo el gasto social −lo que se traduce en menos educación, salud y pensiones− sin que haya aparecido por parte alguna la esperada recuperación económica.

Igual cosa puede verse en otros países de la región −España, Italia, Alemania, Serbia, Portugal, Bélgica− dónde los levantamientos también han sido noticia estas semanas o los partidos gobernantes han sufrido serios reveses electorales como en el Reino Unido y Alemania. Igual cosa sucede en la muy neoliberal y derechista India bajo el gobierno de Mudi.

Coincidencias históricas

El panorama tiene cierto parecido al visto en Europa en la antesala del surgimiento del fascismo. En efecto, en las últimas décadas del siglo XIX ocurrió la llamada Primera Globalización, que no fue otra cosa que la adopción del liberalismo manchesteriano, nombre primigenio del neoliberalismo: vía libre para que fueran las fuerzas del mercado las que dirigieran la economía y donde solo Alemania tenía algo parecido al Estado de bienestar. Pero muy pronto esa globalización se fue convirtiendo en su contrario con el surgimiento del capital monopolista −negación de plano de las fuerzas del mercado− que acarreó una oleada proteccionista entre las potencias del momento y creciente descontento popular. La cereza del pastel fue la Primera Guerra Mundial, matazón imprevista en el canon liberal que suponía que los lazos comerciales garantizarían la “paz perpetua” como la bautizó Kant.
Por su parte Lenin tomaba atenta nota de lo que estaba pasando, recogiendo la evidencia en las 900 páginas que conforman los Cuadernos sobre el imperialismo (Tomo 28 de las Obras Completas), apuntes que le sirvieron para escribir su portentoso y cada vez más vigente libro El imperialismo, fase superior del capitalismo.

Terminada la Primera Guerra Mundial la insurrección popular se hizo sentir por toda Europa al punto de constituirse algunas repúblicas bolcheviques siguiendo el ejemplo de la Revolución de Octubre. No debe perderse de vista que para ese entonces Europa tenía una economía con fuerte presencia de los pequeños productores −pequeña burguesía o clase media− tanto en el campo como en las ciudades, agobiados por los monopolios, y una clase obrera en crecimiento por la quiebra de esos pequeños productores.

Lo que vino en la década de 1920 es historia algo más conocida: se desató una lucha de los grandes propietarios −que vieron menguadas sus ganancias por las luchas populares− contra la clase obrera. La dirigencia de los dos bandos en contienda entendió que su éxito dependería de la capacidad de atraer a la clase media a sus toldas. Para infortunio de la revolución, esa pequeña burguesía fue atraída en buena medida por las nacientes fuerzas fascistas de Italia, España, Alemania y otros países de Europa oriental, entre otras por la política de austeridad fiscal aplicada en Alemania por el Canciller del Hambre, Heinrich Brüning.

Volviendo a la situación actual europea, el neoliberalismo impuesto en la Segunda Globalización −por Reagan y Thatcher− ha golpeado a amplios sectores de la sociedad: los grandes empresarios se encontraron en el dilema de dejar quebrar sus industrias o trastearlas para China, lo que acarreó una creciente desindustrialización. Como consecuencia, el desempleo empezó a crecer, si bien sus efectos fueron atemperados por la amplia red de subsidios creados durante la edad dorada de la posguerra como medida contra surgimiento de las ideas socialistas.

Pero además economías como la alemana, la italiana, la francesa y la española de hoy tienen una característica poco resaltada: Alrededor de las grandes fábricas se construyó una extensa red de pequeños proveedores de partes, las pymes (pequeñas y medianas empresas) que surten a las grandes y ocupan significativa proporción de obreros. La quiebra de las grandes factorías o su traslado al Asia está lanzando a esos pequeños productores a la calle, no solo en el sentido económico sino también en el político.

El colchón que amortiguó por varios lustros el descontento y la quiebra fue el extenso Estado de bienestar construido en las décadas de 1950 a 1980 para evitar, como queda anotado, el fortalecimiento de partidos socialistas y comunistas en Europa e inclinar a la población hacia los partidos socialdemócratas, artífices de ese modus vivendi financiado con una alta tributación y un sostenido crecimiento económico.

El neoliberalismo fue erosionando el statu quo de la segunda mitad del siglo XX con medidas tomadas en buena parte por la Unión Europea, que supuso la pérdida de soberanía económica de los países que la conformaron. El eje de los problemas fue la destrucción de las industrias construidas en la posguerra y la incapacidad de edificar un nuevo sistema industrial enmarcado en la llamada Cuarta Revolución Industrial, la que llevó al surgimiento de la inteligencia artificial.

Más problemas

Cuando la economía se debilita, uno de los problemas que aparece es la caída en el recaudo tributario, agravada por la disminución de las tarifas a las grandes fortunas, la evasión tributaria y la fuga de capitales. Para suplir ese creciente déficit entre los ingresos y el gasto público los países europeos, al igual que buena parte del mundo, cayeron en una espiral de endeudamiento, público y privado. En Estados Unidos el PIB sigue creciendo por dos ilusiones que se retroalimentan: las futuras ganancias de la Inteligencia Artificial y los préstamos a los dueños de estas empresas, creándose así una nueva pirámide financiera. En Europa ni siquiera ha aparecido este transitorio colchón para amortiguar la crisis.

La reunión del FMI y del BM en días pasados en Bangkok puso de presente el grave problema del endeudamiento y llamó la atención sobre el inminente peligro que implica para la estabilidad económica. Pero en concordancia con su razón de ser, el FMI insistió en la necesidad de acogerse a dos recetas: recorte del gasto público y aumento de los ingresos, este último con la correspondiente nota de pie de página: sin atacar a los grandes capitales porque se acaba la inversión. Mejor dicho, vía libre a seguir haciendo lo que están haciendo.

Colombia
De pasada hay que mencionar que en Colombia el gobierno De la Espriella y su ministro Gómez están fabricando una crisis fiscal para que el FMI intervenga en la economía después de que Petro logró romper la atadura con esa institución. No de otra manera puede entenderse que Abelardo prometiera un presupuesto más bajo y luego de la nada aparecen acreciendo la deuda en más de 60 billones de pesos, a la par que en septiembre el Fondo dijo que no veía graves problemas en Colombia y en cambio en octubre mostrara gran preocupación por la deuda. La gráfica 1 refleja el panorama:

Grafica

 

Gráfica 1. Nótese que una cosa es la estimación para el 2027 (67.3% del PIB) y otra el dato real actual (59.0%). Los interesados en que llegue el FMI hacen hincapié en la cifra proyectada del 67,3%.

Más similitudes

El resultado de la política mundial de endeudamiento y recorte del gasto social ya está en las calles: el creciente levantamiento popular, con la respuesta de Macron como ejemplo, bolillo a tutiplén y cuando no sirva, toque de queda. Por ninguna parte una solución capitalista, subir las tasas de impuestos, y mucho menos algo parecido al socialismo.

Retomando el surgimiento del fascismo de Europa en la Entreguerra, en aquellos años la oligarquía les disputó las masas a los partidos de izquierda. En el siglo XIX los partidos de derecha eran agrupaciones de élite sin arraigo popular. Dado su manejo del Estado para esa época y la casi inexistente elección por votación, era suficiente que los oligarcas en los clubes dictaran la tarea a los gobernantes. Pero los partidos marxistas acudieron a las masas y las sacaron a las calles a pelear, en Francia en 1848 y en 1871. La burguesía aprendió la lección y la perfeccionó hasta llegar a esa demostración de fuerza que fue la Toma de Roma por Mussolini a la cabeza de sus camisas negras fascistas en 1922.

Al igual de lo que está pasando hoy, en aquel entonces el llamado de la élite fue a combatir el socialismo, el comunismo, o su expresión criolla el castrochavismo. La pequeña burguesía quedó atrapada entre su quiebra inminente −propiciada, hay que repetirlo, por el poder de los monopolios− y su temor a que los socialistas les quitaran lo poco que les quedaba de su herencia centenaria. Pero aun así los partidos fascistas electoralmente no lograron en la Entreguerra europea más allá de una tercera parte de los votos, mientras que los partidos de centro y de izquierda, si sumaban sus fuerzas, obtendrían una holgada mayoría. Pero por errores fundamentalmente achacables a la izquierda, no se logró, lo que abrió paso al partido minoritario, el fascista.

Para comprender lo que hoy está ocurriendo en Francia hay que subrayar que por el momento ningún partido político está al frente de las grandes manifestaciones callejeras. Los estudiantes salen jalonados por sus propios problemas −puede suponerse que por los consejos estudiantiles− y sectores de la población por los propios suyos, pero sin coordinación ni plan común de acción, al igual de lo que ocurrió hace unos años con las protestas de los “chalecos amarillos”. Es el preámbulo a las elecciones generales de la primavera del próximo año. La expectativa radica en saber qué fuerza política logrará aglutinar las peleas.

Conclusión

Se hace necesaria como nunca una orientación política clara pues la derecha y la extrema derecha al igual que la de Latinoamérica, aprendió a hacer populismo sin restricciones, es decir, a ofrecer todo lo que la gente necesita, enviando mensajes muy segmentados, por ejemplo a los trabajadores de un lugar se les ofrece mejoramiento salarial y a los empresarios del mismo lugar se les garantiza rebajas salariales, todo gracias a las mañas de las redes y algoritmos sociales. Es lo que acertadamente Marx llamó el filisteísmo, o si no que lo diga De la Espriella que un día se presenta como ateo sin tapujos y al otro convoca a todas las religiones −con cerrada de ojos y levantada de manos incluidas− a seguirlo. Pero el contundente triunfo de Lula en las elecciones pasadas muestra que el fascismo es resistible y vencible.

La candidata de la ultraderecha francesa, Marie Le Pen, hasta hace pocas semanas en manos de la justicia de su país, puede ofrecer sin sonrojarse que está con los manifestantes (es decir, a favor del aumento del gasto social), pero que no subirá los impuestos y recortará la burocracia, y otras promesas incompatibles entre sí. Lo mismo dice la ministra Meloni en Italia buscando su reelección. Pero los serbios, como los brasileños, tampoco comieron cuento y desbancaron al ministro que llevaba más de diez años en el poder. No obstante la supuesta alta cultura política en Italia y Francia es altamente probable que la ultraderecha gane las elecciones si no intervienen otros factores, ante todo la capacidad de los partidos de izquierda y de centro de desenmascarar el populismo de derecha y de formar un frente único.

El desenlace electoral además está mediado por el resultado de las elecciones de Estados Unidos del 4 de noviembre. Un triunfo del Partido Republicano daría un aire a la derecha europea mientras que el previsible éxito de los Demócratas servirá de trampolín para mejorar las apuestas del centro y de la izquierda. A favor de la derrota de los republicanos juega el hecho de que sus principales aliados en Oriente Medio, Arabia Saudita e Israel, atraviesan por momentos políticos definitorios: el príncipe gobernante saudí está tambaleando en el poder, en franca pelea con su ex aliado, Emiratos Árabes Unidos.

Finalmente, otro forcejeo está en Israel. Al momento de escribir este artículo se informa que Netanyahu perdió la mayoría en el parlamento por dos o tres asientos. Eso no significa que vaya a caer como primer ministro inmediatamente, pero sí que la turbulencia política se extienda por varias semanas mientras se configura un nuevo acuerdo que podría poner en el puesto a un sector de derecha más moderado.

Colabora con La Bagatela
Comparte en tus redes sociales