Entrevista a Fabio Arias, secretario nacional de la CUT y miembro de la dirección del PTC, delegado por la CUT a la conferencia de la OIT en ginebra

“El sindicalismo internacional registró muy positivamente la movilización social en Colombia”

¿Usted, como parte de la delegación de la CUT a la conferencia anual de la OIT, cómo ve la situación del movimiento sindical a nivel internacional?

La situación del sindicalismo mundial queda reflejada en la reunión de la OIT, donde gobiernos y empresarios, en forma mancomunada, neutralizan muchas actividades políticas y sindicales de los trabajadores. Las normas o recomendaciones que salen de esta conferencia son celestiales, magníficas pero poco obedecen a temas concretos o específicos, mas bien son funcionales a otros organismos de la ONU, como declaraciones de derechos humanos. En los últimos años han tratado temas como la informalidad y la migración laboral, pero las resoluciones sobre estos temas son supremamente débiles para ser garantía de las normas que la misma OIT ha denominado Trabajo Decente y del cumplimiento de los ocho derechos fundamentales. Las posibilidades del movimiento sindical por alterar esta situación son mínimas pues al final los empresarios coadyuvados por los gobiernos neutralizan cualquier declaración clara y contundente.

Denos ejemplos de estas discusiones.

Se discute si el señor que vende minutos de Claro o Movistar en la esquina es trabajador de la multinacional o es informal. Sabemos que esa labor pertenece a la cadena general de esa actividad productiva y el movimiento sindical dice: ese trabajador debe pertenecer a la multinacional y tener una relación laboral contractual. Lo mismo sucede con las cadenas globales de suministros, el movimiento sindical reclama a las corporaciones responder por los trabajadores que trabajan para ellos a través de empresas tercerizadas. No, dicen empresarios y gobiernos obstaculizando esa posibilidad.

¿Qué papel desempeña Guy Ryder director de la OIT, sabiendo que viene del movimiento sindical?

Cuando teníamos mayores espectativas por el origen del director, empresarios y gobiernos han cerrado cualquier posibilidad distinta a sus designios. Eso corresponde al dominio mundial que tienen. El ejemplo es lo que acaba de suceder con Brasil; quisimos que en la OIT apareciera el tema de la violación a las libertades sindicales en ese país, quisimos hacerlo pasar a mecanismo de evaluación y no lo permitieron. Ni Colombia ni Brasil que son casos donde se presentan violaciones a los convenios quedaron incluidos pues les duele a los empresarios y a los mismos gobiernos, en cambio incluyeron a Venezuela, Ecuador y Honduras. En resumen, los gobiernos y empresarios montan una trinca difícil de derrotar, este el aspecto principal.

¿Hay otras manifestaciones de esa trinca?

Desafortunadamente sí. No tiene sentido que en esta época con un director venido del movimiento sindical hayan bloqueado el tema de la huelga en la comisión de la aplicación de normas, después de 60 años de jurisprudencia de la Comisión de Expertos que siempre dijo que el derecho a la huelga estaba implícito en el Convenio 87; desde el 2012 los empresarios han bloqueado el tema en la OIT.

¿Le sirve al movimiento sindical la OIT?

El escenario para la defensa de los convenios laborales establecidos es la OIT, de ahí su importancia. El movimiento sindical hace presencia en todo el mundo defendiéndolos para salvaguardarlos, y eso tiene gran relevancia, más en esta época política de desconocimiento de las conquistas de los trabajadores; es difícil avanzar, estamos en pleno retroceso.

 

El Convenio 87 rige el derecho de asociación y la Comisión de Expertos le incluye el derecho a la huelga, está implícito, incluso está en la constitución de las democracias burguesas y los Estados no pueden desconocer ese derecho. El neoliberalismo quiere arrasarlo y los gobiernos renunciaron a defenderlo. Difícil salida. Estamos cercados, eso se percibe allá, pero seguiremos dando la batalla por la aplicación de los convenios.

¿Qué hacer entonces?

La mejor posibilidad para cambiar esta situación es el nuevo congreso de la Confederación Sindical Internacional (CSI) que se celebra el año entrante donde ya se postuló para la secretaría general Víctor Báez, quien tiene una posición combativa y beligerante. El congreso debe avanzar en una línea política y sindical que represente una posición más definida, de clase, de los trabajadores del mundo.

¿Cómo ven al movimiento sindical colombiano en el escenario de la OIT?

Al sindicalismo colombiano lo reconocen como beligerante, luchador y recibe todo el respaldo y la solidaridad de los trabajadores del mundo. Mientras el empresariado nos dice: ya tienen un acuerdo de paz, quédense quietos.

¿Qué papel juega el empresariado colombiano?

El empresariado colombiano tiene un papel destacado y siempre ha defendido al gobierno de turno, independiente de su orientación política. Se ha opuesto a que a Colombia se le haga seguimiento en la comisión de aplicación de normas, y en los últimos 15 años ha abogado por meter a Venezuela en esta comisión, como una decisión política en la que ha jugado el papel fundamental.

¿Quienes son sus representantes?

Como miembro del Consejo de Adminis-tración está Alberto Echavarría, presidente del Comité de Libertad Sindical, por su labor desde hace 5 años ningún caso colombiano ha sido considerado, ha logrado el respaldo del empresariado mundial.

¿Desde la Conferencia, cómo sintieron la reciente movilización del movimiento sindical colombiano?

Los acuerdos alcanzados son positivos, uno quisiera que el aumento salarial fuera mas alto, lo del magisterio es importante así como el acuerdo en Mintrabajo. Esta es la mejor negociación de las tres que han hecho los trabajadores estatales desde el punto de vista político en los últimos 6 años, desde que se viene negociando. Maestros y sindicatos salieron a la calle en esta oportunidad (Dian, Sena, Inpec, Mintrabajo), el motor fue el magisterio que recibió un respaldo ciudadano como nunca antes. Resultado positivo, que sumado a los paros de Chocó y Buenaventura, descubrió la grave situación social en Colombia. Nos sirvió para que en la OIT se percataran de ello. En el campo esta movilización no se ve y por el contrario están matando a los que reclaman tierra, a los líderes populares. Esta agitación produjo una reanimación en el movimiento sindical colombiano. El sindicalismo internacional registró muy positivamente la movilización social en Colombia, la ven como parte de sus luchas.

El otro aspecto es que los sindicatos deben ser como Fecode, grandes, centralizados y adelantar las luchas con unidad sin desconocer la pluralidad interna. Así es Sintrainagro, que representa el trabajo en el sector agroindustrial, comprende el azúcar, el banano, la palma, las flores; el sindicato minero energético debe consolidarse. La experiencia de Fecode fortalece la creación de grandes sindicatos por actividad económica, además Fecode se fortaleció, se están afiliando nuevos profesores.

Hablando del proceso de paz, ¿cómo afecta al campo laboral?

Del acuerdo de paz hay cuatro asuntos que le interesan directamente a las organizaciones sindicales en esta implementación: la formalización laboral rural, las garantías a las organizaciones sindicales, es decir las libertades sindicales, el derecho a la movilización social y a la protesta, y la reparación colectiva. Hasta ahora, desde el punto de vista de cambios normativos en la legislación que podrían utilizarse en el marco del fast track, desarrollando la implementación de los acuerdos y que pudiera favorecer a las organizaciones sindicales, no ha habido nada, y en el tema de la reparación el gobierno lleva más de dos años dilatando la negociación.

La CUT presentó al gobierno nacional un proyecto de decreto ley para la formalización laboral rural que debía ser expedido antes del 28 de mayo, cuando se vencían las facultades. No lo consideraron y no han presentado ningún proyecto laboral.

Más allá del ámbito laboral, donde no hay avances, ¿que opina de la implementación de los acuerdos de paz?

El gobierno debe cumplir los acuerdos. Lo preocupante es la expansión del paramilitarismo a las zonas que han dejado las Farc. Hay una demora del Estado en tomar posesión de ellas, no solo militar sino institucional, no lo está haciendo y como eso esta vinculado al tema del narcotráfico que se expande, está en mora de hacerlo, y a los pobladores víctimas del despojo que han regresado a reclamar lo suyo, los están matando. Este es un asunto definitivo que se debe resolver para el éxito del proceso. Sigue la violencia política, no hay garantías.

El otro tema son las campañas presidenciales. Tenemos una gran preocupación, pues el gobierno al no hacer la tarea que le corresponde ni atender las mínimas necesidades de carácter social, hace que la gente no se sienta comprometida con el proceso. Esto va a ser aprovechado por los que quieren la guerra, y puede causar serias dificultades en la escogencia presidencial. La CUT y el movimiento sindical en general van a seguir respaldando el proceso de paz; lo de Uribe es una amenaza contra el proceso y la mayoría de su dirigencia lo comprende. Lo que pasa es que la agenda económica, laboral y social del gobierno es regresiva, la criticamos y nos oponemos a ella sin duda ni vacilación.

¿Qué piensan el gobierno y los empresarios en materia de agenda laboral?

No hay una agenda para aclimatar los procesos de atención a los históricos reclamos y necesidades de los trabajadores. Al gobierno no le preocupa el asunto y se puede decir que no tiene agenda, por el contrario, las posibilidades de mejoras de carácter laboral o social en que se ha comprometido o se han implementado en el Congreso, las está desconociendo: el proyecto de ley que formaliza el trabajo de las madres comunitarias, a los pensionados le va objetar la ley que reduce la cotización en la salud del 12% al 4%, el compromiso de las horas extras era de 4 horas y solo aprobaron la miserableza de una hora, la reducción de las 150 semanas para las mujeres que ganan menos de dos salarios mínimos, también la van a objetar. Es decir, ningún compromiso con decisiones favorables para el avance de procesos sindicales y mejora de las condiciones de trabajo.

Por otro lado, a todos los requerimientos hechos por de la comunidad internacional en materia de las libertades sindicales, no les presta atención. Han sido incluso hechos por el gobierno norteamericano (agenda Obama-Santos), el gobierno canadiense por las violaciones laborales en los TLC, hasta la Ocde le ha dicho al gobierno que tiene que modificar en consonancia con la normatividad de la OIT los pactos colectivos y la negociación por rama, la representatividad sindical, la huelga, la movilización social y la protesta, todo está contenido en esos requerimientos y el gobierno no se mueve por eso.

Los empresarios piden flexibilizar aún más la normatividad laboral, ¿cómo? aprobando la tercerización laboral que fue lo que hizo Temer en Brasil, aquí no esta legalizada; que se elimine la unidad de empresa; que los despidos colectivos sean mucho más rápidos; que puedan denunciar las convenciones colectivas y despedir a los trabajadores que tengan enfermedades laborales o generales. Agenda regresiva que viene de tiempo atrás, que no se detiene ni se revisa por el proceso de paz y que aprovecha el uribismo para el proceso electoral. Los compromisos adquiridos por el gobierno con el movimiento sindical y con el campesinado no los cumple, incluso objeta algunos, por eso los trabadores lo rechazan. Es en resumen una agenda neoliberal, asfixiante para las masas trabajadoras y como el péndulo se ha venido desplazando hacia la derecha en el mundo, esas fuerzas afines aprovechan la situación para apretar a los trabajadores; están en eso y se vio en la OIT.

La otra parte de esa agenda es la petición de los fondos privados y de los organismos internacionales de un reforma pensional, que fortalezca esos fondos y acabe con Colpensiones. 

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